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Los perfumes en la oficina de farmacia

El perfume es una mezcla que contiene sustancias aromáticas, pudiendo ser éstas aceites esenciales naturales o esencias sintéticas; un disolvente que puede ser sólido o líquido (alcohol en la mayoría de los casos) y un fijador, utilizado para proporcionar un agradable y duradero aroma a diferentes objetos pero, principalmente al cuerpo humano.

Formación farmacéutica a cargo de Inmaculada Vicente, farmacéutica comunitaria en Farmacia Lisboa, con título "Los perfumes en la oficina de farmacia" publicado en Farmaventas 167.

 

Como auténticas joyas, los perfumes siempre han ocupado un lugar privilegiado para hacer más agradable la vida de quien lo lleva y con quienes se relaciona.

Los maestros perfumistas, llamados “Nariz” tienen la misión de encontrar las mejores fórmulas que respondan a los deseos y gustos del momento, y dedican su vida a encontrar nuevas materias primas, emplear su inspiración y pasar largas jornadas ante sus órganos de perfumista con diferentes mezclas de esencias, desplegando su creatividad y creando auténticas obras de arte que buscan perdurar en el tiempo y la memoria, haciendo sentir mejor a quien las lleva.

Es un elemento relevante de la personalidad, de ahí la gran variedad de perfumes que se adapta a todo tipo de persona y a las diferentes emociones que busca transmitir: seguridad, sensualidad, empoderamiento… con una proyección mayor de lo que puede parecer a primera vista.

Para apoyar esta afirmación basta recordar la importancia del perfume a lo largo de la Historia y en todas las civilizaciones. 

Elaboración de los perfumes

Vamos a describir someramente las características que debe reunir un perfume:

Volatilidad, es el tiempo que tarda en evaporarse y depende de los pesos moleculares de las sustancias responsables.

 Tenacidad, es la propiedad de mantener las características olfatorias originales. Es decir, su capacidad de permanecer por un tiempo prolongado sin alterar sus cualidades.

Difusión, es la capacidad de ser fácilmente perceptible.

Perdurabilidad, consiste en la fijación de la molécula al sustrato; dicho de otra forma, la capacidad de permanecer en la piel, tela, papel, o cualquier material en que se aplique.

La composición de un perfume de calidad incorpora, al menos, cincuenta elementos. Las notas características de cada uno dependen no sólo de la composición cualitativa, sino que, además, varía sobremanera el resultado final en función de la cantidad de cada componente.

Cabeza, cuerpo y base componen la pirámide descriptiva de un perfume

Las notas de cabeza o salida son la porción más volátil de una fragancia y su duración es moderadamente corta. Son responsables de la primera impresión que se tiene del perfume.

Un ejemplo, de notas olfativas pueden ser afrutadas, cítricas, verdes, aldehídicas...

Las notas medias, (también denominadas “de corazón”), definen el carácter de la fragancia, y son de volatilidad media. Constituyen el “alma” principal del perfume. Como ejemplo, tenemos notas especiadas, herbales…

Las notas de fondo o base son las más persistentes, y son las que perdurarán y podrán permanecer en la piel una vez que las notas de cabeza y cuerpo se hayan evaporado.

Notas típicas olfativas, maderas, notas dulces, ámbares, almizcles, musgos, notas animales, acueradas.

Tipos de perfumes

Existen diferentes tipos de perfumes, según su intensidad aromática y presencia de esencias:

Perfume: la forma más concentrada, entre el 15-40% de esencia aromática.

Eau de Parfum (EdP): concentración del 15% aproximadamente.

Agua de baño: más conocida como eau de toilette (EdT): concentración del 7-15% .

Agua de colonia: eau de cologne (EdC): la misma concentración que el anterior, pero con aromas cítricos predominantemente: sólo un 3-6% de concentrados. 

Splash perfumes (EdS): 1% de concentrados. 

Obtención de las fragancias:

Los aceites esenciales (fragancias) se extraen de los vegetales que los contienen formados o que contienen los elementos para su formación. Existen distintos procedimientos:

Maceración: Cuando se procede por maceración es necesario colocar las flores en unas grandes calderas manteniéndolas sumergidas a fin de que suelten el olor.

Expresión: Otro procedimiento extractivo es la expresión, muy conveniente en la cidra, la naranja y la bergamota. Cuando el fruto es abundante, se exprime para recoger el aceite.

Destilación: Este método es el más empleado especialmente para flores, plantas y hierbas, tales como la lavanda, rosas, alhucema, tomillo, sándalo, mimosa, etc. Para ello, se emplea un alambique de cavidad bastante grande. La parte del vegetal que contiene la esencia (raíz, hojas, flores, corteza de árbol, etc.) se machaca y se introduce en el alambique. Es conveniente no poner la materia en contacto directo con la caldera; por este motivo se coloca en sacos o en un vaso en forma de criba que se dispone en el centro de la cucúrbita. Se añade el agua suficiente para que la materia esté completamente bañada y al cabo de algunas horas de maceración se procede a la destilación. El aceite esencial es arrastrado por el vapor de agua, aunque su punto de ebullición en general es muy superior a 100 °C. Los productos de la destilación son recogidos en un vaso en el que se separan fácilmente el agua y la esencia. Para las esencias más ligeras se dispone del llamado recipiente florentino. La esencia va a la parte superior y se acumula en el recipiente mientras que el agua se escapa por un tubo encorvado que nace de la base del recipiente. Para las esencias más pesadas se usa otro tipo de probeta en la que se deposita el líquido en la base y el agua escapa en altura. En todos los casos, el agua que sale arrastra un poco de esencia en disolución o en suspensión. Esta agua retorna al alambique para aprovecharla en operaciones sucesivas, de manera que el agua a pesar de ser de desecho será aromática.

Enfleurage: El procedimiento extractivo de disolución sirve para ciertas flores delicadas; utilizando para esto ciertas sustancias grasas que tienen la propiedad de absorber los perfumes por contacto. Si se procede a la temperatura ordinaria, la operación se llama enfleurage como ocurre con la vara de Jesé y el jazmín. Consiste en impregnar las sustancias aromáticas en grasa y después extraer el aceite oloroso con alcohol. También se utilizan compuestos químicos aromáticos.

Los fijadores de perfumes

Las características de un perfume, con todas sus notas perfectamente mezcladas y orquestadas para producir esa explosión de placer olfativo no sería posible, por muy puras que fuesen las esencias utilizadas, si no fuese por la determinante presencia en su composición de lo que se conoce con el nombre de fijadores de perfume. Hay que tener en cuenta que el alcohol es un componente importante en la composición de los perfumes y que su volatilidad es muy alta.

Se conoce como fijadores de perfume a una serie de sustancias que contrarrestan esa volatilidad del alcohol que interviene en la elaboración de los perfumes. Sirven para fijar y hacer perdurar los matices aromáticos que el formulador haya elaborado.

Esta necesidad de los fijadores de perfume ya era algo conocido por egipcios y griegos. En algunos escritos de Teofrasto, que vivió hacia el 370 a.C. se recogen algunas notas sobre su existencia.

Los fijadores de perfume no tienen per sé un olor agradable: el valeriánico, la algalia, el castoráceo o el indol, por ejemplo, despiden un olor ciertamente desagradable.

Por el contrario, la vainilla, el incienso, el benjuí, el almizcle o el ámbar tienen un olor más agradable.

El ftalato etílico o el benzoato de bencilo, por su parte, serían fijadores de perfume prácticamente inodoros.

El origen de las primeras sustancias utilizadas como fijadores provenían del reino animal. Veamos algunos ejemplos:

La algalia, es una sustancia segregada por una glándula próxima al ano de la civeta o gato de algalia.

El almizcle o musk, es una sustancia segregada por los genitales de una variedad de ciervo que se puede encontrar en el Himalaya y en el Tíbet. Esta sustancia se acumula en la glándula almizclera. Para extraerla, es preciso sacrificar al animal. El almizcle fue siempre un fijador de perfumes de elevado precio pues, para que nos sirva de referencia, hay que saber que para obtener un kg de almizcle había que matar unos cincuenta de estos ciervos. 

De la rata almizclera y del gato almizclero, también podía obtenerse un almizcle, aunque éste sería de inferior calidad.

El ámbar gris, es una secreción producida por el cachalote. Su olor es dulce y terroso, y su aspecto es ceroso.

El castoreum, ésta es una sustancia segregada por las glándulas anales del castor, que le sirve para mantener las condiciones de su pelaje.

 

Este listado de fijadores animales forma parte de la historia, pues el sacrificio de ingentes cantidades de animales para su obtención hace prohibitivo su uso si se tiene un mínimo de conciencia ecológica.

La industria química ha debido desarrollar sustitutos que reúnan las cualidades originales: fijadores vegetales. Hablamos de, principalmente, algunos tipos de aceites, resinas, gomas, gomorresinas o bálsamos producidos por algunas plantas.

Entre éstos, podemos nombrar:

Gálbano, es una gomorresina extraída de la raíz de la Ferula gummosa, una apiácea que crece en Asia Central y Suroeste.

Lirio, por una parte, puede ser una nota aromática utilizada para modificar un perfume. Por otro, puede ser el componente principal de una fragancia. Dentro de las diferentes especies de lirio, destaca en perfumería el lirio de los valles o “muguete”. Una opción de síntesis incluye la presencia de acetato cinámico, aldehido hidrocinámico,  aldehido ciclámico, fenilpropanal, bourgeonal, yonona, rodinol, absoluto de rosa y absoluto de jazmín.

Musgo de roble o encina, suele asociarse con el lirio, el ylang-ylang, la salvia o el sándalo (entre otros), para dar lugar a una de las partes del perfume, denominada cuerpo, que explicaremos más adelante.

La elaboración de un buen perfume requiere la presencia de más de un fijador. El fin que se persigue es doble: por un lado, que deje un rastro aromático determinado, y por otra, que consiga una fijación más firme y redunde en la duración del aroma.

Como no puede ser de otra manera, se busca siempre que el aroma del fijador complemente las notas olfativas más importantes y determinantes del perfume.

Los elaboradores de perfumes artesanales cuentan con un producto versátil: dimeticona copoliol.  Actúa como fijador, haciendo que el perfume perdure por más tiempo en la piel. La dimeticona copoliol o abil grass, es un líquido espeso y transparente. De hecho, es una silicona que se utiliza como fijador de perfumes y estabilizador de un sinfín de productos empleados en el cuidado corporal.

Vamos ahora a resumir algunos de los aceites más utilizados en la formulación de perfumes:

Aceite esencial del árbol del té (melaleuca alternifolia), se trata de una fragancia muy sutil, perfecta para combinar con otros aceites como el de lavanda. Aporta un toque elegante a cualquier perfume y combina con otros aromas vegetales como la salvia romana o el romero.

Aceite esencial de cedro (cedrus atlantica), aporta una nota olfativa con mucho carácter, indispensable entre la gama de aromas amaderados. Enebro o incienso son notas que combinan perfectamente con la base de cedro.

Aceite esencial de ciprés (cupressus sp.), aporta personalidad a perfumes amaderados, aunque estas notas son más sutiles que las del cedro o el roble. El ciprés puede combinarse con notas de carácter más afrutado, como la mandarina o el citral del limón.

Aceite esencial de geranio (pelargonium graveolens), este aroma floral es ampliamente utilizado como base de perfumes. El geraniol, un alcohol monoterpenoide, es el responsable de sus características olfatorias.  Lavanda, pachuli o rosa combinan bien con él, así como las esencias con citral o citronelal (conocidas también por utilizarse en los repelentes naturales de los insectos).

Aceite esencial de jengibre, es una base muy original y que consigue un resultado con un carácter muy marcado. Los cítricos son las notas que mejor mezclan con el aceite esencial de jengibre (zingiber officinale).

Aceite esencial de limón (citrus limonum), este aceite de rutácea suele ser utilizado para aportar notas ligeras; sin embargo, también puede adquirir protagonismo en un perfume utilizándolo como base. Manzanilla, eucalipto o enebro son los aromas que ayudan al limón a destacar como base olfativa.

Aceite esencial de menta (mentha sp), un aroma muy fresco que varía en función de la especie de que se trate. En general combina con romero, lavanda o mejorana. Las lamiáceas son ricas en aceites esenciales, en general.

Aceite esencial de sándalo (santalum álbum), aquí tenemos un aroma exótico y muy utilizado en perfumería para crear aromas orientales. Aceites de rosa, mirra o pimienta negra son otros aromas exóticos que evocan a oriente.

Aceite esencial de tomillo (thymus vulgaris), su intensidad hace que sea una nota olfativa muy utilizada. Romero, melisa y lavanda son otros tonos vegetales con los que combina perfectamente.

Aceite esencial de Ylang Ylang (cananga odorata), se trata de una base muy utilizada en la actualidad para realizar perfumes orientales. Esta planta tiene un aroma con personalidad propia y acompaña perfectamente a otras notas como el jazmín o la rosa.

Aceite esencial de vetiver (vetiveria zizanioides), presencia de alcoholes y sesquiterpenos, emparentada con la familia poaceae. Es originaria de India. Muy utilizada en fragancias masculinas.

Y hasta aquí, este repaso por la ciencia de los perfumes. Quisiera homenajear a mis compañeros farmacéuticos de todos los tiempos, porque sin su conocimiento y saber hacer, muchos logros de este y otros ámbitos, no serían posibles.

Sin duda, la confabulación de todos los conocimientos de diferentes áreas: botánica, química, físico-química, tecnología, galénica… dan lugar al nacimiento y evolución de tantas y diferentes obras de arte

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